Sobre el cordón del West Broadway y la calle Canal, Melanie Bonnefoux lloraba y se aferraba a su inhalador para el asma. "No lo puedo creer, ya no están", repetía una y otra vez en medio del llanto. Su brazo derecho estaba lastimado. Trabajaba en el piso 38 de la Torre Sur. "Vi que la gente se tiraba de la Torre de al lado, sus brazos y piernas se movían como intentando volar", dijo mientras sus amigos la consolaban.
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